Aproximaciones a un campo en construcción: La Ecología Política y sus retos

ARTÍCULO DE REFLEXIÓN

Aproximaciones a un campo en construcción: la Ecología Política y sus retos

Approaches to a field in construction: The Political Ecology and its challenges

Juan Francisco Santos Estévez

Especialista Principal Grupo de Educación y Formación Ambiental para el Desarrollo Sostenible, CEPRODESO, Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales ECOVIDA. E-mail: jsantos@mhn.vega.inf.cu


 

A manera de Introducción

Al mencionar, Ecología política, surgen muchas preguntas, se quiere conocer si es una ciencia, sus categorías como tal, su conceptualización, su aplicación y el porqué del apellido, si estas preguntas no tienen repuesta rápida y contundente, de inmediato entra en el campo de lo que no es ciencia, al menos desde la racionalidad de muchos investigadores y/o científicos no estarían en presencia de una ciencia dura1.

La determinación de ciencia dura, es excluyente y determinista, niega la posibilidad del debate, sesga la capacidad del diálogo crítico y de discutir los límites de los entendidos. La racionalidad científica dominante, desde las verdades que porta, se convierte en irracional, al no valorizar otros saberes y desde este posicionamiento reduce la posibilidad de mover o cambiar sus límites, al respecto, Boff, L. (1994) plantea: …»en nombre de la ciencia exorcizamos el mundo y este se puso a disposición de los seres humanos, exorcizamos la magia y se instauró el discurso de la sensatez, de la racionalidad…».

Como parte del proceso de reflexión, las preguntas provocan al diálogo, hacen pensar y resignificar entendidos, para iniciar con ellas, ¿qué rol ha jugado la ciencia en la crisis del paradigma civilizatorio actual que vive la humanidad?

No es obviar la ciencia y sus acumulados - los resultados científicos y su puesta en práctica, forman parte del proceso de construcción cultural gestado por la humanidad - no obstante, este proceso histórico - cultural necesita ser interpelado, desde preguntas que la comunidad científica necesita dialogar, ubicamos las siguientes para la reflexión en este artículo:

¿Cómo definir lo que es ciencia y lo que no es ciencia?, ¿quién decide que es ciencia y que no es ciencia?, ¿el ser humano acepta y establece sus límites en las certezas dadas por leyes y categorías?, ¿existen otras formas de racionalidad, en lo que la racionalidad occidental considera periferias del mundo actual o irracional?, ¿cómo es posible que los movimientos sociales y pueblos originarios estén socializando aprendizajes que nos parecen sacados de libros de extraterrestres?, ¿por qué la luchas de los movimientos sociales y pueblos originarios han ubicado a la naturaleza como un sujeto de derecho y no la academia?. Estas preguntas y muchas otras pueden ser catalizadoras de la discusión, que no necesariamente que tienen que tener respuestas finales o conclusivas, su discusión permitiría iniciar procesos de resignificación de los entendidos, desde las visiones dialogadas.

Ecología Política y sus retos. Visión y reflexión.

El rol jugado por la ciencia en la humanidad que somos, ha sido clave, hay ejemplos numerosos en cada disciplina científica que forman parte de nuestra vida cotidiana, también, en su afán de encontrar verdades absolutas ha perpetuado el poder de grupos privilegiados, que han avasallado y avasallan a culturas, pueblos, religiones y monopolizan el patrimonio tangible e intangible, estableciendo y legitimando desde la colonialidad que ejercen los centros de poder del conocimiento, las marcas, patentes, derechos, certificaciones, entre otras formas.

Es también de destacar que las ciencias hoy viven procesos donde sus límites ya no están tan claros, la interdisciplinariedad y lo transdisciplinario, así lo evidencian, el pensamiento complejo y sistémico hace que se corran los límites exactos, llegando a estar difusos y muchos investigadores y/o científicos vivencien la sensación de estar ante la fusión de varias ciencias, o ciencias más holísticas, y es esta experiencia una pista que nos ayuda entender cómo surge la Ecología Política.

Al referir lo científico, se hace alusión a lo que es nombrado y legitimado de esa manera, desde los centros del poder que así lo legitiman, no es casualidad su relación con la racionalidad eurocéntrica u occidental. El saber popular, generador de conocimientos y productor de <<ciencia empírica>>, donde los límites, categorías, conceptualizaciones, no constituyen objeto de discusión desde los cánones entendidos por la ciencia, ejemplo de ello es el Sumak Kawsay (Buen Vivir) para los pueblos originarios andinos, concepto desarrollado por centenares de generaciones, al respecto Boff, L. (2012); refiere, …¨el buen vivir supone una visión holística e integradora del ser humano, inmerso en la gran comunidad terrenal, que incluye además del ser humano, el aire, el agua, los suelos, las montañas, los árboles, y los animales; es estar en profunda comunión con la Pachamama, Tierra, con las energías del Universo, y con Dios¨.

Para ilustrar mejor cómo se configura el escenario de la construcción y puesta en práctica del conocimiento desde el saber popular, a partir del ejemplo del Sumak Kawsay (Buen Vivir), De Souza, B. (2012); refiere, ¨Cuando nosotros hablamos de los derechos de la Pachamama, ¿estamos hablando de algo indígena? No. Estamos hablando de una mezcla. Lo que yo llamo una <<ecología de saberes>>. Es una mezcla de saberes; saber ancestral con saber moderno, eurocéntrico…¨

Rebasar los límites de la colonialidad de las ciencias ecológicas «duras», es una intencionalidad de la Ecología Política, al respecto, Leff, E. (2006); plantea, «la cuestión ambiental, es más que una problemática ecológica, es una crisis del pensamiento y del entendido, de la ontología y de la epistemología con las que la civilización occidental ha comprometido al ser…» y agrega, «la racionalidad científica y tecnológica con la que ha sido dominada la naturaleza y economizado el mundo moderno; de las relaciones e interdependencias entre estos procesos materiales y simbólicos; naturales, culturales y tecnológicos». Según Leff, E. (2000); «…la complejidad ambiental no emerge de las relaciones ecológicas, sino del mundo tocado y trastocado por la ciencia, por un conocimiento objetivo, fragmentado y especializado…¨

Enrique Leff sitúa en el debate, a la naturaleza en la ecología, como una externalidad a esta última, por su existencia más allá de la ciencia y de la humanidad que creó la misma, como una necesidad para organizar el conocimiento existente, que genera conceptos como desarrollo y vivir mejor o bien, al menos para una minoría, en contraposición al Sumak Kawsay (Buen Vivir), por ejemplo. La ecología como ciencia ha cosificado la naturaleza al convertirla en objeto de estudio, al estudiar los sistemas de relaciones, y establecer pautas para garantizar estados de equilibrio o de recuperación de especies, grupos, ecosistemas y paisajes.

Este autor, ubica la complejidad ambiental como una externalidad al entendido más común de relaciones ecológicas, la Ecología no ha tomado en cuenta las relaciones humanas, se ha centrado en el mundo que "nos rodea", ha obviado los sistemas de relaciones generados por la especie humana, los cuales dieron lugar a la sociedad, es en estos sistemas de relaciones culturalmente construidos, donde está la génesis de la inequidad, la injusticia, la ciencia y los desequilibrios ambientales.

Aquí nuevas preguntas permiten continuar animando la reflexión, ¿qué papel han jugado las relaciones humanas desde el paradigma de racionalidad dominante en la complejidad de la crisis ambiental?, ¿las relaciones históricas entre los humanos como han sido, y entre estos con el resto de la naturaleza?

La existencia de la racionalidad occidental, como dominante, no quiere decir que no hay otras que subyacen o están independientes de la misma, que desde nuevos paradigmas, hacen propuestas, indagan y hacen iniciar procesos de desaprendizajes. Asistimos hoy, como nunca antes en la humanidad, a procesos resignificación, que pasan inevitablemente por lo ideológico y la geopolítica, muy evidentes en los conflictos existentes en África y el Medio Oriente.

El conflicto entre las diferentes racionalidades existentes es cotidiano y está en nosotros mismos, nadie escapa a esta batalla, esta lucha por resignificar es una necesidad que presupone diálogo, sin verdades absolutas, con las verdades de todos; no obstante, necesita ser intencionado como proceso, aquí el carácter político del proceso, al proponer construir lo que Enrique Leff llamó, ¨el nuevo saber ambiental¨, utopía posible y realizable, si hay voluntad para el cambio. El nuevo saber ambiental, es un proceso de construcción de una nueva racionalidad.

El paradigma de racionalidad prevaleciente está muy centrado en la relación medio fin, costo beneficio, utilitarismos beneficio…., esta visión economicista y antropocéntrica, permea la vida humana en su totalidad y como parte de ella está también en la ciencia y la Ecología; en específico, al centrarnos en la Ecología y ver la naturaleza como su objeto de estudio, reafirma su carácter antropocéntrico y desde esta posición jerárquica superior, autoconferida, decidimos los manejos e intervenciones para con el entendido de naturaleza asumido, refirmando el carácter de externalidad, al científico o investigador, otras preguntas surgen:

¿Cómo sin sentirme parte de, puedo decidir los destinos de?, ¿es que acaso la experiencia humana, no nos has enseñado que no sentirnos partes, es una exclusión o autoexclusión?, ¿cuál es el sentido de pertenencia posible para algo de lo que no soy parte?, ¿puede un ajeno entrar a la casa de otros y decidir qué hacer para resolver los problemas existentes sin haber sido invitado o reconocida su existencia?, ¿quién nos determinó para destruir y recomponer la naturaleza?, ¿cuándo dejamos de reconocernos como una especie zoológica y cómo tal parte de la naturaleza? Las preguntas son muchas, es bueno tener preguntas, esa es la pedagogía de Freiré2, la Educación Popular, en ella las certezas acaban con las utopías, los sueños y la posibilidad de la coautoría.

Desde la lógica de la racionalidad occidental, la relación costo- beneficio como se expresa en el párrafo anterior es transversal a la vida humana, para comprender la relación medio- fin, nos plantea, Hinkelammert, F. (2006), en un análisis crítico a la teoría de la acción racional de Weber,… «El trabajo de cada actor y el instrumento para serruchar son los medios, y el fin es cortar la rama¨; para ello toma de ejemplo a actores sociales que están cortando la rama de un árbol sobre la cual se encuentran sentados.

En términos de la teoría de la acción racional se trata de una acción racional, acerca de la cual la ciencia puede pronunciarse. Puede decir que el trabajo es adecuado y que el serrucho está bien afilado. Por tanto, puede predecir científicamente el resultado de la rama cortada, y agrega «…no obstante cuando logra su resultado, cae y muere el actor…» y se pregunta «… ¿qué pasa con la relación medio - fin?».

Esta paradoja de Hinkelammert, deja el sabor de la necesidad de interpelar lo que hasta ahora nos parecía lógico, vista la lógica desde una racionalidad que ha estado condicionada por un proceso de construcción cultural de milenos, no se trata de renunciar a la ciencia y cultura acumulada, que en muchos casos nos da identidad, la pregunta sería ¿qué ciencia y qué cultura?

No es tampoco el despojo de los acumulados de conocimientos, esa herencia tiene el valor de dar fe de lo acontecido, nada puede ser cambiado si no ha tenido una constatación, es un proceso que ubica en el debate a la racionalidad occidental, no es un borrón y cuenta nueva, se trata de desaprender y esto solo es posible desde lo aprendido, de resinificar y esto puede ser desde lo que tiene significado; de construir el nuevo saber ambiental y para ello, hay que tener un saber que de fe de la existencia del otro, en resumen, otra racionalidad es posible por la existencia de una racionalidad occidental, que ha puesto en peligro la casa común, el planeta Tierra.

Los asomos críticos a la Ecología, la ciencia y la racionalidad dominante, en este artículo, tienen el propósito de servir de disparadores para entender el surgimiento y los porqués de una Ecología Política, como campo en construcción, que ubica a la especie humana como sujeto de la naturaleza.

En 1970, cuando el Club de Roma dio a conocer el informe: Los límites del crecimiento, evidenció que el entendido de desarrollo y crecimiento económico seguido estaban agotados, que los recursos naturales existentes por su carácter finito colapsaban. El reconocimiento de la crisis, favoreció el auge de la Ecología, como una explosión para catalizar las preocupaciones y organizar políticas de organizaciones internacionales, estados, instituciones, movimientos religiosos y sociales.

El termino Ecología, Lipietz, (2012); refiriendo a Petit Robert; nos dice: «aparece en la segunda mitad del siglo XIX» y agrega, «… la Ecología es en su origen- una disciplina científica. Es la ciencia que estudia la relación triangular entre los individuos de una especie, la actividad organizativa de la especie, y su medio ambiente, es a la vez condición y producto de esta actividad, condición de vida esta especie», es la Ecología una ciencia de los sistemas, las relaciones en los sistemas e intersistemas de la naturaleza y la palabra ecología, según Robin, (2002); «…se remonta a las raíces griegas oikos (casa) y logie (estudios metódicos del para hacer qué)…»

Al ubicar la especie humana y sus sistemas de relaciones intrínsecas fuera del objeto de la Ecología invisibilizada, ¨ingenua o intencionalmente¨, dio lugar a uno de los mayores equívocos actuales, a decir de Adames,(2003); ¨…el pensar a las ciencias sociales y a las naturales como dos campos científicos cuya relación no puede ser otra que la de una relación de exterioridad, similar a las paralelas del ferrocarril que pueden verse, recorren tramos conjuntamente, no obstante queda claro que se observan mutuamente desde afuera».

La racionalidad occidental produjo un cambio radical, la lógica seguida durante milenios de vivir en armonía con la naturaleza, se transformó a decir de, Lipietz; (2012), «… desde alrededor de cuatros siglos ocurrió un viraje radical, antes se trataba de someterse al orden de la naturaleza, después de doblegarla a nuestros deseos. La marcha de la ciencia y de sus aplicaciones técnicas no ha terminado desde entonces para fomentar sentimientos humanos de ser realmente «maestros y propietarios de la naturaleza».

Mires, F. (2012); nos plantea, ¨El auge extrabiológico de la Ecología es un fenómeno reciente, de ahí que resulte necesario indagar acerca de cuáles fueron en las razones que hicieron posible ese auge. Planteando el problema en otra forma: aquello que resulta necesario averiguar es ¿por qué la Ecología y los ecólogos guardaron durante tanto tiempo un silencio tan sepulcral?¨.

Estos autores ponen el debate, pistas del por qué la Ecología política que a decir de, Leff, E. (2012); «…es la construcción de un nuevo territorio del pensamiento crítico y la acción política…», y agrega «…la ecología política viene a interrogar la condición del ser en el vacío de sentidos y la falta de referentes generadas por el dominio de lo virtual sobre lo real y lo simbólico, en un mundo donde parafraseando a Marshal Breman, todo lo sólido se desvanece en el aire..». La Ecología Política es parte del pensamiento emergente que confronta ideologías irracionales y las ciencias de la verdad, como un puro dado, e interpela el paradigma de racionalidad occidental y de la ecología como ciencia que ve la naturaleza desde su externalidad.

Al explicar la ecología y cómo desde ella se resignifica su concepción, Figueredo, J. (2013) expresa; «… al hablar de racionalidad y subjetividad ambiental por separado, se toma solo un recurso didáctico que nos ha llevado a convencernos de su indisoluble interacción como dimensiones del todo biosicosocial que somos. Somos una especie partícipe en una evolución biológica y cultural que nos hizo racionales y sensitivos, inmersos en el universo de relaciones que es la Ecología».

Adames, 2003; nos dice, «Sin duda el primer paso de acercamiento en esta conflictiva y problemática relación entre las ciencias naturales y sociales debe comenzar por comprender de qué manera lo social está inmerso en los ecosistemas y el acercamiento entre las dos culturas».

La Ecología Política, presupone superar la separación entre las ciencias que buscan la verdad, entre ellas la ecología, como parte de las ciencias naturales y buscan lo estético, lo bueno, lo bello, entre ellas, la Filosofía como parte las ciencias humanísticas o sociales. La complejidad ambiental pone el reto de indagar cómo lo social es parte de lo natural, incluido el conocimiento sistematizado y patentado, urge dar lugar al ser biosicosocial que constituyen los humanos en el entramado de relaciones construidas por la naturaleza.

La Ecología Política como emergencia de nuevo conocimiento, presupone un cambio en las relaciones de poder existentes, construidas, asumidas y condicionadas por nuestra racionalidad occidental, ¿las actuales formas de hegemonías, mediante las cuales se evidencia el sometimiento a quienes tienen el poder, es un tipo de relación construida culturalmente?, ¿Cómo cambiar esta realidad de hegemonías e inequidad, sin intencionalidades?, ¿Podríamos hacer ciencia apolítica?, ¿Cuál es el entendido de política que tenemos?, ¿Las relaciones inequitativas, injustas, extractivitas y apropiativas son transversales a lo natural y lo social?, ¿La sociedad es un proceso independiente a la evolución de la especie Homo sapiens?, ¿Por qué dudar de la necesidad de la ecología política y la necesidad de su surgimiento?

Estas preguntas que pudieran trascender los entendidos actuales, forman parte de los por qué y el para qué de la ecología política, como campo que construye su epistema desde el diálogo, praxis- complejidad como parte del pensamiento interdisciplinario y transdisciplinario. La Ecología Política es en tanto un espacio de confluencia de entendidos, que genera espacio de diálogo para construir una filosofía de vida que nos ubica como parte de la naturaleza, y desde ella, establecer relaciones justas y de agradecimiento mutuo.

Las reflexiones y preguntas planteadas, transcienden a la Ecología Política, como ciencia, al menos del entendido de ciencia que busca verdades y establece sus límites de actuación. Ella se convierte en una apuesta y una filosofía de vida que rebasan el sentido existencialista y utilitario que ha tenido la ciencia en la humanidad.

La Ecología Política como campo en construcción, surge de la izquierda revolucionaria, para el caso de América Latina, necesita continuar fortaleciendo su teoría política de Ecología en diálogo, entre esa izquierda intelectual, movimientos sociales y saber popular, que es donde se vivencia su praxis, aquí Figueredo, J. (2012) nos pregunta, …¿Cómo ser un intelectual orgánico y no intelectual institucional?

La Ecología Política plantea, la necesidad de ver la naturaleza como un espacio de disputa política, para su resignificación y reapropiación por la sociedad, viéndose esta última como un resultado del propio proceso de la evolución, es por tanto cuestionar las lógicas de poder existentes, resultado de las relaciones humanas y de estos con la naturaleza, cuestionamiento que lleve a la búsqueda de otras lógicas de relacionamiento, no basados en la hegemonías.

Otras formas de respeto, diálogo y equidad entre humanos y entre humanos y naturaleza existen, solo que están invisibilizadas, es también parte del quehacer de la Ecología Política, el socializar esas propuestas y filosofías de vida, que han sido satanizadas o ignoradas intencionalmente, por la lógica del mercado, que ya mercantiliza a la naturaleza.

Al recordar la recién concluida, Cumbre de la Tierra y la paralela, Cumbre de los Pueblos, la primera, toda una lógica que indica privatizar recursos y la segunda, una lógica de que la naturaleza es un bien común, escenario de luchas, se demostró la fuerza de los movimientos sociales y el camino andado por la Ecología Política. La cumbre oficial fue un fracaso y la de los pueblos generó importantes plataformas de trabajo y articulación entre las redes sociales.

Últimas reflexiones

La naturaleza existente no solo es resultado de la evolución biológica, es una obra que tiene en la actualidad la coautoría de los pueblos y culturas que durante milenios la han habitado, y en ese proceso mutuo, la naturaleza también ha incidido en la formación de etnias, razas y culturas.

El proceso de formación cultural referido, ha generado diferentes cosmovisiones y entendidos, que van por citar ejemplos desde lo religioso hasta las formas de hacer políticas en los estados, dejando entendidos que se han convertidos en verdades, entre ellos, que el progreso tecnológico es sinónimo de calidad de vida, que el ser obedientes y hacer lo que la Iglesia nos diga nos pondrá más cerca de Dios y en el paraíso en la otra vida, que las marcas y patentes son expresión de calidad (y por qué no de dominación también), que la tecnología nos hace más humanos… estas afirmaciones necesitan ser interpeladas ya, pues su efectividad por más racional que parezca, presenta un mundo caótico y que hoy discute su existencia futura.

La Ecología Política necesita más escenarios de diálogo; no se trata de hegemonizar y conquistar desde la misma, es una necesidad para inquietar la conciencia, la ciencia que se hace, las formas de dominación existente y la sociedad que se construye.

Literatura citada

  • Adames, Enoch, 2003. Del saber ambiental a la ecología política: Problemas y Perspectivas.
  • Conferencia durante la reunión del grupo de trabajo sobre Ecología Política de CLACSO. Panamá. Tomado de Tareas, Cela. pp 5-21
  • Boff, Leonardo, 2012. Vivir mejor o el buen vivir. Agenda Latinoamericana 2012 Mundial para Cuba Edición Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. La Habana. pp 66.
  • Boff, Leonardo, 1994. La dimensión política y teológica de la ecología. Consejo Ecuménico de Cuba, Departamento de Coordinación y Asesoría de Proyectos-Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. La Habana. pp 57-69.
  • De Souza Santos, Boaventura 2012. El socialismo del buen vivir.Agenda Latinoamericana 2012 Mundial para Cuba Edición Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. La Habana. pp 78-79.
  • Figueredo, Jesús y Pérez, María de los A, et al., Inédito. Educación Popular Ambiental. Editorial Caminos. La Habana. En impresión.
  • Figueredo, Jesús, 2009. La educación popular ambiental, una propuesta contrahegemónica. ¿Qué es la Educación Popular? Editorial Caminos. La Habana. pp 321-338.
  • Hinkelammert, Franz J, 2006. El sujeto y la ley: el retorno del sujeto reprimido. Editorial Caminos, La Habana. pp 499-504.
  • Leff, Enrique, 2002. La deuda de la razón: Saber ambiental: sustentabilidad, complejidad, poder. PNUMA-Centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencias y humanidades. pp36-38.
  • Leff, Enrique, 2003. Ecología política en América Latina. Un campo en construcción. Reunión Grupo de Ecología Política de CLACSO. Panamá. pp 17-19.
  • Leff, Enrique, 2006. Complejidad, racionalidad ambiental y dialogo de saberes: Hacia una pedagogía ambiental.Perspectivas de la Educación Ambiental en la región Iberoamericana. V Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental. Joinville, Brasil. pp 45-59.
  • Lipietz, Alain, 2005. La ecología política, ¿remedio a la crisis de lo político? Boletin IDEAPCUP, Instituto de estudios ambientales, Pontificia Universidad católica de Perú. www.berdeak.org/LIPIETZ.htm
  • Mires, Fernando, 1990. El discurso de la naturaleza: ecología y política en América Latina. Espacio Editorial, San José. Costa Rica. pp 20-22.
  • Perspectivas. Conferencia durante la reunión del grupo de trabajo sobre Ecologia Politica de CLACSO. Panamá. Tomado de Tareas, Cela. pp 5-21.
  • Robin, Jaques, 2002. La Ecología política y el siglo XXI. Transversales Sience Culture, nueva serie, primer trimestre.

 


Recibido: 16 de julio de 2013.
Aprobado: 17 de septiembre de 2013.

Revista Ecovida, 2013, Volumen 4, número 1

Juan Francisco Santos Estévez. Especialista Principal Grupo de Educación y Formación Ambiental para el Desarrollo Sostenible, CEPRODESO, Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales ECOVIDA.
E-mail: jsantos@mhn.vega.inf.cu

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